Pues sí, por mucho que uno haga sus planes calculando hasta el milímetro hay cosas que no se pueden calcular y por eso no vale de mucho hacer grandes planes, porque las circunstancias cambian y hay que adaptarse a las nuevas situaciones, que ni siquiera podíamos imaginar cuando empezamos a planear.
Yo, a estas alturas de mi vida sería una u otra persona según le preguntaras a mi yo de una edad u otra. Por ejemplo, si me preguntas a los 4 años, te diré que soy “médico de animales”; si me preguntas a los 12 te diré que soy veterinaria y bióloga; si me preguntas a los 15 te diré que vivo en Barcelona, que decidí quedarme a vivir allí después de ser veterinaria y bióloga. A los 19 te diría que soy bióloga molecular y que vivo en Santa Cruz capital con mi novio.
¿Y ahora? Pues ahora no soy nada de lo que predije en su momento. Pero bueno, en la vida no me ha ido tan mal. A pesar del cambio en las circunstancias, todas las cosas que me han pasado, creo yo, han sido para bien, para mejorar un poquito más cada vez y para hilar más fino en cuanto a mis aspiraciones, también siendo más realista aunque igual de optimista.
Porque sigo pensando que “querer es poder” y ese es mi aliento a diario. Ahora soy Técnico Superior en Laboratorio de Diagnóstico Clínico y me encanta mi trabajo (trabajo teórico, porque todavía no tengo uno). Y, como ya he dicho en alguna ocasión, no me importaría pasarme el resto de mi vida trabajando como técnico.
Esto no quiere decir que no me apetezca terminar biología, porque esa es otra de mis metas. Bastante me costó empezarla, con todos los impedimentos de verme sola con todo, como para abandonar a las primeras de cambio.
Cuando era más pequeña pensaba que mi vida se centraría en torno a mi carrera, que mi gran pasión sería mi trabajo y viviría para ello. Lo de la familia y todo lo que significa lo veía en un segundo plano, que podría aparecer o no, pero era algo que no me preocupaba.
Ahora, esa “mirada a mí misma” ha cambiado. No quiero un trabajo que absorba todo mi tiempo, porque, por muy emocionante que sea me gustaría poder disfrutar de otras cosas. Por ejemplo poder formar mi propia familia, atenderles como se merecen y tener tiempo para estar con ellos. Quiero viajar, conocer mil lugares, estar con mis amigos, disfrutar.
Estar en la cúspide de la investigación requiere mucho sacrificio y no sé si realmente me compensa. No descarto nada, porque al ver como en pocos años la vida me ha cambiado, puede dar un giro cuando menos me lo espere. Incluso he pensado que, cuando tenga mi plaza de funcionaria, podría pedirme una excedencia e irme a USA, un añito, para embarcarme en la emoción de la investigación, en las últimas tecnologías, en la vanguardia de los conocimientos.
Tengo claro, que lo más que podemos hacer es soñar e intentar conseguir nuestro sueños. Porque intentarlo en sí es lo que nos hace felices, el proceso y no la meta es lo que nos hace sentirnos realizados. Al menos eso es lo que me sucede a mí.
La vida cambia y te cambia. A mí me gusta el rumbo que ha tomado mi vida. Y mentiría si dijera que no me gustaría que las cosas me hubieran resultado más fáciles. Pero me doy cuenta que entonces no valoraría lo que tengo.
Al final de todo, soy feliz, no tengo todo lo que quiero, pero ¿quien lo tiene? Y al menos yo me puedo permitir soñar y trabajar para cumplir esos sueños.
¿Tres deseos? Aunque suene a tópico:
1- Un mundo sin guerras.
2- Un mundo sin hambre ni miseria.
3- La oportunidad de lograr todo lo que me proponga.
No necesito más. ¿Y tú?