Era inevitable en estos momentos hablar de las olimpiadas. Y es que están en todos lados. Todo el día por la tele, en los periódicos y todos contentos porque hemos empezado bien, ganando medallas, y de las que no teníamos previsiones.
Yo, de momento, me he comprado una tele nueva, de esas de pantalla plana de plasma o LCD que no sé cuál es la diferencia, con una resolución acojonante y de 32” y lo primero que he visto en ella, obviamente fue la ceremonia de inauguración de los juegos.
Me parece bien que los juegos se hagan cada vez en un lugar diferente y que se varíe también de continente por aquello de que todos somos iguales y tenemos los mismos derechos (aunque a la hora de verdad no sea así, demostrado está el 80/20).
Lo que no se puede hacer es darle los juegos olímpicos, con las connotaciones que éstos poseen a un país en el que no existe la libertad de expresión y en el que los ciudadanos son relegados de sus trabajos en las fábricas durante una temporada para intentar reducir un poco la polución de la zona. Dejando a miles de familias en la calle y en más miseria aún si cabe.
Que los deportistas tengan vetados ciertos temas bajo amenaza de expulsión es algo que va totalmente en contra de los principios de los juegos. Me parece algo tan increíble.
Es cierto que existen precedentes, que ya vimos unas olimpiadas bajo el yugo nazi. Pero es que antes era antes y estamos en el ahora, en pleno siglo XXI y, bajo mi humilde punto de vista, este tipo de olimpiadas o cualquier otra manifestación cultural multitudinaria en una nación que no respeta al individualismo de sus congéneres no es más que una ATROCIDAD. Fuerte sí, pero más fuerte lo que sucede detrás de la muralla…
Obviando lo inobviable (no sé si existe la palabra, pero creo que se entiende), he de decir que la ceremonia de inauguración que sirvió para inaugurar los JJOO y a la vez mi nuevo televisor, me pareció original, un poco larga (como todas), bonita y hasta me atrevería a decir que magnífica. Aunque ya me esperaba yo algo así de los chinos, teniendo en cuenta que las cosas que se toman en serio las hacen a la perfección y para esto ya llevaban tres años ensayando. Si la tengo que describir con una palabra, ésta sería: Perfecta.
Ahora que ya no hay remedio para cambiar la localización y mucho menos las “mentes o mentalidades” no queda de otra que disfrutar de cada uno de los deportes, para los que tendremos que madrugar bastante.
Pero mira, el horario es algo que me gusta, porque por las mañanas ves las olimpiadas y por las tardes puedes irte de compras o a pasear, porque ya se acabaron las pruebas y sabes que no te vas a perder ninguna.
Yo no conocía a Pirri, el que ganó ayer el bronce en esgrima y, como no lo conocía, me pareció gracioso que en su traje de esgrima (de repente me he quedado en blanco porque no sé cómo se llama la indumentaria ¿tendrá nombre?) bueno, en su traje de esgrima ponía “abajo esp.”. Luego ya comprendí que abajo es el apellido.







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